RETROTRACCIÓN IV
Recostados sobre la mesa, llena de grasa y algo pegajosa por los restos de comida, jugábamos a descubrirnos. Unos días atrás la había encontrado, libre, rozagante, hermosa. Ahora, como un milagro inconcebible, estaba sentada a mi lado, tomando mi mano. Las circunstancias que conllevaron a ese momento aún las ignoro, pues para mí hubo un salto en el tiempo. Y de haberme preguntado los motivos que impulsaron a esa hermosísima niña a fijar su atención en mí, quizás habría desenmascarado la faz que siempre pretendí desconocer. Lo único que importaba era tenerla a mi lado, desconectada de toda realidad.
Su rostro se iluminaba con una sonrisa, con una historia increíblemente nimia e infinitamente divertida. Mi corazón también estaba iluminado; compartíamos un sueño irrealizable. Era la magia del primer amor y del primer fantasma. No importaba si teníamos 10 años, o simplemente 23…
©2005 David Escandón V. |