El germen Solar
Las mujeres que perdí por no bailar
y las que gané por escupirle al sistema
mueren atascadas
en el mosaico arácnido del olvido.
En las horas que aún tienen cuerpo
crece el germen Solar,
el universal sentimiento de vacío.
Alrededor,
dentro del gran círculo imaginario,
millones de rocas palpan mi vista terebrante.
Entre segundo y segundo,
brincan miles -millones quizá- de centurias,
mueren generaciones
y generaciones de figuras reminiscentes,
como locos agónicos
sin la débil esperanza de la eugenesia
o la eutanasia – si se da el caso-;
sólo hijos de hijos de hijos (de puta),
sociedades de sociedades
sucumbiendo al fuego inevitable en la pantalla del reloj.
Lo persistente,
la asunción a astro ignífero.
Yo.
Acabo de huir del horizonte,
de la gravedad y sus celos.
No importa lo maravilloso y profundo que sea.
Estoy disfrazado de estrella
en el teatro sombrío del infinito,
tan deshabitado que el monólogo se pierde en mi propio tímpano.
Ay
Ay La soledad
Ay en la edad sideral de sol.
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