Espera. No vayas ciudad abajo. No sigas el neón. No pierdas la acera. No hagas caso de las voces que oscilan en tu mente. Aguarda. Aún estás a tiempo de esquivar las pulsiones de la noche y ponerte a salvo. Vas a hacer lo que te diga: respira, despacio, profundo, recoge tus pasos, concéntrate, vuelve al camino. Haz un alto en el semáforo. Rojo, ámbar, verde. Cruza la pista, con calma. Te estoy vigilando. Ahora, tomarás el último bus de regreso a casa, ya en ella, a la voz de tres, olvidarás todo lo vivido y mis palabras empezarán a gobernar tu neoser. Uno, dos, tres…
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