Le veo venir, sé que me necesita, mi pensamiento no se aleja de esa terrible disputa que sostuvimos…después de aquello, todo cambiará, pero en estos precisos instantes no puede prescindir de mi…tengo que tenderle una mano, que digo, las dos, en décimas de segundo todo se habrá consumado, siento su aliento acelerado, titubeo…y finalmente decido. Su cuerpo atlético oscila en el vacío, sujeto firmemente de mis robustas manos, mientras el trapecio se aleja, ajeno a todo… |