¿Fue acaso el equívoco
incomprendido y necesario
el que me llevó a tus brazos?
Miente, es la única forma.
Mátame.
Estira mi piel,
camúflame y observa:
soy tu obra de arte magnífica.
¿Me vas a mirar?
Me estoy ahogando
en un mar que yo misma
alimento con mis ojos.
¡Esto es una estupidez!
Cabello negro,
entrelazado con suaves curvas.
Así eras, pero eso era ayer.
Ahora la palabra se achica
y solo, solo en tu alma,
te oxidas...
y yo también... |