Entonces escuchò la clara vocesilla susurrándole, solamente una vez en la vida, una vez sólo, puedes detener el tiempo cuanto quieras. De ahì nunca màs se te concede el deseo.Es ahora. Respondiò sin pensarlo. Y no hubo un instante atràs ni otro adelante. Todo inmóvil. Todo fijo. Ella miràndolo a él, su mirada de cristal casi, su boca tibia todavìa. Era su felicidad besarse en esa boca y quiso deterner el tiempo para siempre. Ella a su lado para siempre. Sòlo ella tenìa movimiento. Todo lo demàs era asolado por una rigidez de muerte. Basta ya, le dijo a la vocesilla. Y la vocesilla sonrìo picaramente, como sonrìen las vocesillas terribles de los duendes. Entonces todo volviò a su ritmo. Todo respirò. Ella tambièn, a salvo de esa fatalidad de moverse uno solo por el mundo inanimado de la ilusiòn. |