Entonces la niña corría por aquel pasto húmedo, creyendo ver una cosa con alas posándose en una de esas flores municipales. Intentó atraparla, pero el ruido de las micros y el pasar de la gente hacían que se arrancara.
Cuando las manos blancas de la niña lograron atrapar al bello insecto, lo miró con ojos analistas y, viendo la perfecta combinación que hacían sus alas con el cielo azul denso de Santiago, la dejó ir.
Entonces se dio cuenta, trece años después, que esa concepción del amor verdadero era tan cierta como quien da la libertad que todos buscamos en la tierra.
Si pudiera abrir mi corazón solamente...
Feliz cumpleaños. |