Aquel cofre esta roto y desgastado por los años, su apariencia no es la misma de antes, ya abandonó su esplendor y ya no se nota el gravado en la madera.
Él tiene su mirada nublada y el pequeño trozo de pan entre sus manos recibe, sin querer, la sal de sus ojos.
Sabe que dentro hay cosas que ha olvidado, sin embargo tiene la certeza de que al verlas nuevamente volverán los colores a su mente por que cada una tiene un valor único.
Una pequeña sonrisa deja entrever sus inexistentes dientes, remplazados por una inocencia casi rosada, mientras sus curtidas manos abandonan el húmedo alimento dejándolo en el borde de la mecedora.
Piensa unos segundos mientras sus piernas se preparan para soportar su peso con el fin de ponerse de pie, toma luego aquel objeto que se ha convertido en su tercera pierna; fiel compañero. Se acerca poco a poco al roído cajón de recuerdos. Su corazón late mas fuerte que nunca y sus ojos brillan de emoción.
Con dolor... respira...
La luna se acomoda en el cielo, y las estrellas salpican las alturas y aquel escenario se oscurece poco a poco.
Lentamente vuelve a su silla, se sienta con mucho esfuerzo mientras la tierna luna acaricia su rostro dejando ver su cara mojada entre la oscuridad. Vuelve a tomar su trozo de pan... su fiel compañero cae impetuosamente al suelo, rompiendo el silencio que se había hecho imperante durante horas.
Era verdad, ahora los colores son nítidos y hermosos.
Liviano como una pluma
Al fin respira....
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