Tres lienzas para un solo trompo
"Ejercicio de vertientes: Cuento: Un hombre asesinado en un restaurante. Escrito en primera persona, donde el narrador sea el muerto.
-Cómo decía mi abuelo, “el que nace chicharra tiene que morir cantando”, Putas Vicente, parece que hasta aquí llegó esta vida perra, hace un rato comencé a escupir sangre, pensé que había sido el combo que me dio el Cochè María, lindo, me lo puso justito, llegaron a sonar los dientes, alguno sangró, pero, eso fue hace como dos horas, nunca había durado tanto porque coscachos he recibido hartos, bonita pelea armé onde on baucha, y bueno,el Josè defendía lo suyo -
Coché María, llega al bar de Ño Baucha una o dos veces a la semana, toma, conversa la amistad gastándose parte de lo que ha vendido de su cosecha, casi al filo de la embriaguez se va cantando a su campito, un par de chiquillos y una mujer componen su familia, en la cantina de lo que más habla, es del chancho overo, lo capará para engordarlo y sacrificarlo en el invierno próximo, del chanchito (como le dice) sacará la manteca necesaria, piensa en unas seis latas de manteca y con los chicharrones una lata de buena conserva.
-Está haciendo frío, se va ha hacer la noche luego, quiero pararme pero las patas no me sostienen, me está dando sueño, bueno, me tomé como tres litros de vino, si llegué onde el Baucha como a las diez y partí con un medio pato de tinto con harina tostá y pal hambre me comí cuatro sopaipillas que estaban buenas, con el pebre mejor aún, putas, estoy vomitando sangre, no se si es el vino o la anemia lo que me quiere hacer dormir. La anemia, en la cana vi como se fueron cortaos un par de corriles, a uno lo atravesaron con un estoque, cuando se lo sacaron, la sangre se chupó, de a poco se fue durmiendo, el doctorcito de la cárcel, dijo que, el sueño fue por la anemia.
Huele rico el aromo, me gustan sus flores.
Desde el bar caminé hasta esta loma pa tirarme bajo el aromo, anduve como una hora, el árbol me dio sombra y descanso ahora me hace dormir-
“Bar Restaurante Ño Baucha” reza el cartel que había sobre la puerta, en el interior algunas mesas de madera cuyas cubiertas brillan de tanto pasar el paño para limpiar cada vez que cae comida o se vuelca algún vaso de licor, más bien, vino, que es casi lo único que se bebe allí, eso de “Bar” es solo un decir, porque solo hay vino, pilsener, maltas, algunas bebidas y una que otra botella de pisco y aguardiente que ño baucha esconde porque es filtrado en el alambique de un amigo suyo que lo surte. De “Restaurante” tiene algo más, la cazuela de chancho con chuchoca es la especialidad de la casa, la mujer del baucha también cocina, porotos con mazamorra en verano, sus cazuelas de pava, vacuno y los viernes, inevitablemente pescado frito ya que la doña es profundamente cristiana y los viernes debe comerse pescado; en las tardes no falta el arrollado huaso y perniles cocidos, embetunados con ají picante para los sanguches.
-A las diez no había nadie en el bar, llegó el cartero, está cagao el amigo, la cirrosis se lo va a llevar lueguito, lo miré como se tomó la caña, como tirita el hombre en las mañanas.
Los parroquianos son los mismos todo el año, salvo algún turista o él “falte” que recorre la zona una vez al mes. El cartero llega todas las mañanas a eso de las 10, la razón, son pocas las cartas a distribuir y a esa hora, pica la garganta y tiemblan las manos, así qué, cuando entra, ño Baucha le pone la “caña” llena en el borde del mesón, el cartero tiembla entero, coloca sus manos en la espalda, se agacha como puede hasta su caña, sus labios tiritan, besa el vaso y bebe un trago, no mucho, el vaso se mueve, endereza su humanidad, espera un minuto, más calmado vuelve a bajar la cabeza bebe sin usar las manos, espera y luego ya sus manos firmes toma el vaso, bebe un trago largo, suspira, ahora puede conversar, saca un par de cucharadas de pebre hecho con ají merken, las vacía en su vaso, revuelve el vino con el picante y ahora de un zuacate se bebe la turbia mezcla, queda como nuevo. Ordena las cartas y sale a entregarlas.
El Vicente, asiduo visitante del restaurante, mal viviente, mala leche, cuando se cura nadie lo soporta, cual más cual menos ha sido ofendido por él; trabajador de chuzo y pala, caminero que recorrió muchos lugares emparejando rutas para unir los pueblos, limpiador de canales, gañán en la faena agrícola, antes de que se hiciera común el uso de motosierras, fue hachero, hombre duro y como decía mal viviente, mañero en el juego, cada borrachera en el bar es una pelea con uno a más contertulios, en más de una ocasión ha ido a parar a la cárcel por delitos menores o mayores, se comenta que en algún lugar del camino dejó un muerto, nadie le quiere, se le acepta pero de mala gana.
-La sombra del aromo se puso fría, volví a botar sangre, cuando empezó la mocha, la pepa me tiró dos puñetazos en la guata, no le hice caso por que es mujer y no tiene fuerza, solo sentí dos pinchazos, fueron como la aguja de las inyecciones que me colocaron en Coquimbo, fue la Magaly, era linda la puta esa, pero me pegó la gonorrea, la mina mía se enojó, me mandó a la cresta y se buscó otro cafiche, más perro que yo, la minita me tenía bien vestido, no me hacía falta nada y más encima platita pal bolsillo y si no lo hacia le sacaba la cresta y ya, me fui al hospital cuando ya la infección estaba grande, pa mear tenía que abrazarme a un árbol por el dolor, un mes colocándome inyecciones, la enfermera se reía, molestaba y me decía, “Por cochinos les pasa”, las inyecciones espesas, dolía tanto y la enfermera se daba el trabajo que doliera más. Así picó la mano de la pepa.
Me la busqué, nada es gratis, ¿con que me habrá pegado la chiquilla? Estaba tan enojada, nunca había querido ir a la cama conmigo, me decía que ella no me aguantaba el salto por que yo era malo, “vos soy como la rana” me decía, “nadie te aguanta el salto” y es cierto por que ni yo le aguanto el salto, por dios él vicho, si salta cuando nadie se lo espera, la pepa, me pegó con algo como una aguja. Me dijo la puta que tenía que pagarle, yo tenía plata y no quise pagar su favor, era la primera vez que me acostaba con ella, mas de un año siguiendola y nada, pero, mañana tiene que mandarle plata a su viejo me dijo y como no se había “ocupado” en todo el día, fuimos a su pieza, cuando terminé me vestí, no le pagué de maldito que soy. Nunca he pagado por mujer, le dije, se molestó la mina, me gritó, me lloró y yo, nada, al final le di un cachetazo con la derecha, de ida y vuelta, la hice rodar por el suelo, se paró, se limpió la tierra, me miró con una lágrima y con odio me dijo, “Vicente, me las vay a pagar acuérdate, si yo quiero me acuesto con alguno y no le cobro, lo hago por que me da gusto hacerlo, pero a vos no”-
La pepa, es otra habitué, llega a medio día, atiende sus negocios en el lugar, ayuda lavando platos y sirviendo cuando hay muchos parroquianos, con ello se gana el almuerzo y asegura su lugar, si hay algún habitante sediento de amor, ella renta sus humedales, en donde nadan y se sumergen los que llegan con la llave de entrada, pero antes de nada, siempre dice, “platita en mano, potito al suelo”, ella no otorga crédito a nadie. En la parte trasera del bar, para cuando se “ocupa” –como dice- tiene una pieza con una cama –siempre limpia- para atender a sus clientes, por ella paga una parte de lo que cobra, bueno, se lo recarga al urgido.
José Segundo es otro de los que a diario pasan por donde Ño Baucha, bebe hasta tarde, canta boleros, si hay contrincantes, juega brisca, monte o montoncito, para ello siempre anda con una baraja lista, a veces gana o pierde, para su vicio trabaja su parcelita o trabaja como obrero en alguna faena maderera, bueno pa la pega el hombre, en los últimos días se la ha visto cortando unos hualles con los que juntó varios metros ruma que esa mañana vendió a buen precio, el Vicente lo miró y pensó que sería fácil ganarle la partida.
-El sueño me la va ganando, la sangre no para, me duele la guata, se nota que los ácidos se escaparon del estomago, así que no me queda mucha vida, el sueño me venció y me dormí justo cuando me iba a jugar un solitario, pero, este naipe no tiene secretos pa mi, tampoco me puedo jugar con los dados, si también están cargados. Tempranito le piqué la guía al José Segundo hasta que se decidió por el monte, un jarro de vino bastó para que quisiera jugarme, ya le conocía la baraja, me había dado el trabajo de preparar un maso igualito a las del hombre, dejé que me ganara varias manos, pero al final se la puse sin pena, lo dejé pelao, todo el billete que cargaba pasó a mis manos, pero, uno de los que miraba se dio cuenta y luego le dijo, se emputeció el Segundo y quiso que le devolviese el billete, ¡Las pelotas! Y buscó la pelea, no le tengo miedo a un par de golpes así que nos fuimos a las manos, la mala pata mía que andaba solo, ningún compadre andaba así que nadie me afianzó, fuerza tiene el cristiano, nos dimos duro, pero, se metió el coché María que tenía sangre en el ojo por el chancho overo y la pepa con sus dos golpes punzantes, me caí, me patearon, el Baucha nos separó y echó antes de que llegara la comisión, los pacos, nos iban a llevar a todos en cana, así que busqué un lado y me fui con los golpes y los billetes del Segundo, hasta aquí no mas llegué, el aromo me dio cobijo y parece que acá me quedaré-
Al Coché María se le había perdido hacia como 15 días su chancho, lo buscó por todas partes, nadie lo vio, ya pesaba mas de cien kilos el animal, el hombre conocedor de la tierra y sus animales, le siguió el rastro viendo que iba hacia la ruca del Vicente, pero, en una parte del camino real se perdía, preguntó a todos y nadie había visto al animal, el Vicente le dijo que el no lo había visto y que si quería le ayudaba a buscar, que buscara por los zarzales, el José María no se tragó el cuento.
-Él chancho del Coche, lindo animalito, me había puesto de acuerdo con mi compadre Benito, no fue difícil lacearlo, lo llevamos a la huella y lo subimos a la camioneta del compadre, el Beno había dejado hirviendo un par de fondos con agua, apenitas llegamos lo colocamos en una batea grande y en un santiamén el cuchillo le llegó al corazón, sangre salió harta, la comadre la aliñó pa las prietas, la lavó las tripas, por dios que las prepara rico, manteca hubo harta, sopaipillas no faltaron, en quince minutos estaba limpio y partido en dos, mientras se enfriaba algo, hicimos un cocío con la tapa guata que quedó de chuparse los bigotes, vendimos una parte, lo otro, bueno, arrollados, estuvimos tres días comiendo del chancho overo, vino nunca falta, una partidas de brisca sin maula, pero él coché María sabía que era yo. P´tas comí mucho onde on Baucha, todo el revoltijo en la guata quiere escapar, en la cárcel el doctorcito dijo que era muy difícil escapar de una herida de bala o punzón en él estomago, que los ácidos escapan por las heridas y poco a poco va envenenando todo el cuerpo y la muerte es inevitable, ahora veo que vienen los tres, el segundo, el coché María y la pepa, no tengo fuerza para defenderme, ellos esperan, para eso tiempo les sobra.
De mi casa me fui hace años, a nadie le hago falta, mis hijos grandes han de estar, a lo mejor mi mujer encontró otro cristiano que la trate mejor que yo, viví en la huella y en el camino voy a quedar botado. Los tres cuchichean, él coché María se marcha, vive cerca, los otros dos prendieron un cigarro, quiero fumar, el aromo ha florecío huele a septiembre, lindo árbol, buena sombra, buen cobijo... me duermo.....-
Amiga de la mujer de Don Bautista es doña Angela, conocedora del arte de la curación por medio de yerbas y además sabe cargar o descargar las casas de quienes han sido objeto de algún mal sea por envidia por dineros o amores fallidos de los que nunca faltan.
-¿Cuanto tiempo habrá pasado? Me dormí, se hizo la noche, el río se siente claro, las aguas están prontas a llegar al mar, van rápidas por el declive del cerro, me faltaron como cien metros para cruzar el curi cui – cui, es cierto, harto negro se ve el puente, llegó coché, trae una carretilla, mire el gueón, colocó encima la batea en que carnea los chanchos, se acercan, el Segundo se sacó el poncho, no tengo fuerza, estoy bañado en sangre, la que escapa por la boca, me registran los bolsillos, sacan la plata, la pepa dice que fueron dos, así que le debo diez lucas más la cama, cuentan la plata, saca sus once lucas, doscientas lucas dice el Segundo que le robé y las cuenta, no sabe que lo estoy mirando, el Coché María saca las cuentas de lo que deberá gastar para suplir lo del chancho y saca billete a billete, lo que sobra se lo dan a la pepa, me tiran encima del poncho, los dos me suben a la carretilla, parten hacia el río, el Segundo dice que es profundo y correntoso en el puente Curi Cui-cui; la pepa con la linterna revisa el suelo a ver si hay algo mío para no sé qué, tengo sed, me tomaría un litro de vino al seco, mis brazos cuelgan de la carretilla, quiero gritarles y no me sale la voz. Llega la Josefa, les cuenta que “su padre es zapatero remendón, el pobre viejo ya no trabaja, yo me traje una lezna grande que tenía, la mantenía brillante y con mucha punta, con ella le di dos puntazos en la panza por maricón, si le he dicho, platita en mano culito al suelo, ahora me pagó y se quedó con los dos pinchazos de llapa”, ahí está la guevá, por los dos puntazos se me va la vida, están llegando al puente, miran Pa los dos lados, no se oye nada ni se ve luz de auto, los dos me levantan, pareciera que no peso, me van a tirar al río los maricones y no puedo hacer nada, solo que el agua me llama, es tanta la sed, quiero llegar para tomarme el río, me suben al pasamanos, vuelo, soy como un traro, quiero planear en estos dos segundos, soy pájaro, vuelo, caigo al agua, abro la boca para tomarme toda el agua del mundo, me tira la corriente, me hunde, pesa la ropa, peso yo, suenan los dados en el bolsillo de la chaqueta, se mojan las cartas del naipe, pero, no se van a borrar las marcas, me golpea la raíz de un sauce, sigo, me tira pa la orilla pero no me detengo, la punta de ese tronco se metió en el pecho, poca sangre quedaba, me hiere, no quiero despertar más... antes de lanzarme al agua los tres se juraron no contar a nadie lo que pasó aquí-.
-Ha pasado varias jornadas, alguien me buscó, no me encontraron, al final le pidieron ayuda a la bruja de la Angela, esta dijo que solo el río debería saber en donde estaba, fueron al puente, la bruja llevó una palmatoria con un cabo de vela, lo encendió y colocó la palmatoria en el agua, esta viene por el agua río abajo, “donde se pare, allí hay un cuerpo” dice la Angela, carajo, quien le cree, pero, una raíz me ató y acá me tiene, no quiere que salga a flote, la luz se acerca, se hace una especie de remolino y allí se detiene la vela justo abajo estoy yo, así como me comí el chancho, el coipo y un quique se han hartado con mi carne, se mete un huaso en el agua, grita “Aquí hay un cuerpo” unos brazos me sacan, llaman a los pacos... ya llegarán y me llevarán con ellos.
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