Deje caer mi cabeza
sobre el poza brazos,
del viejo sillón,
no me dí cuenta que al hacerlo,
el borde presionaría al rió de sangre,
que riega mi cerebro.
Los tambores comenzaron a sonar,
más y más fuerte,
fue haciéndose de noche,
y mi cuerpo tendido ,
comenzó a enfriarse ,
puntos de luz danzaron,
en el espacio moviéndose,
al compás de los tambores,
vi conocidos rostros,
que llegaron a buscarme;
Así fue como deje mi cuerpo,
y naufrague entre puntos de luz
con esos rostros,
hasta volver a la carne.
Sobre el mediodía abrí los ojos,
y desperté a un nuevo día.
Aún no era mi tiempo.
© Norberto Adrian Mondrik.
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