He recorrido los tiempos, y consolado a la espera.
Han brotado de mis párpados las eternidades todas, y estas se consumen sólo con mi existencia.
Cada espacio finito reposa en mi abdomen, se alargan cual piel al ser tocados como si los dedos untaran de ellos lo complejo de los puntos estrellados.
Y el silencio, merecedor único de lo tibio que es el concluir, altera mi propia existencia y la torna fúnebre, punzante, desquiciante. Alejando los lánguidos años...
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