Era extraño, el nunca le había dicho que la amaba, ella sin embargo sentía su inconfundible presencia. Se les veía todos los días en uno u otro lugar de Santiago, rogando por una moneda. Nada importaba, ni el frió de invierno, ni los excesivos calores de verano, siempre se estaban besando o abrazando. Para mi era raro, muy raro, pero de alguna forma me conmovía el tipo de vinculo que los mantenía juntos…ella era ciega y el mudo. ¡Y yo que no creía en el amor!
SACCONE
16 Julio 2003
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