No son pájaros
sedientos de recuerdos,
ni ángeles borrachos
vestidos de entierro.
No son burlescos carnavales,
ni horribles mascarillas de disfraces.
No es Dios,
el cielo ni el infierno,
ni un universo atiborrado de espantos.
Es solo el dolor seco y árido
que me clavó
tu improvisada muerte.
Que no me deja...
Y me deja incrustado en el tiempo
a la loca deriva,
como un absurdo vacío
imposible de consolar
|