En honor al escritor Julio Cortázar al cual admiro profundamente.
Un día los cronopios salieron a caminar. No sabían a donde, pero iban alegres, cantando.
Llegaron al parque de su barrio y poniendose a pensar que hacer, idearon que cada perro del lugar tuviese su árbol.
En eso estaban, cuando las famas comenzaron a llegar con sus perros y las esperanzas regaban sus árboles.
Los cronopios se encargaron de ponerle cartelitos a cada uno de los árboles.
Y a cada uno de los perros.
Así perros y árboles todos enumerados hacían el encanto de las famas que eran muy ordenadas.
Pero los cronopios no calcularon el ventarrón que se avecinaba.
El torbellino fue tan grande que se volaron y mezclaron todos los carteles.
No se sabía de quien era el perro ni de quien era el árbol.
Las famas terminaron poniéndole correas a los árboles y las esperanzas a los perros de las famas.
Todo fue tan convulsionado que originó que sacaran a pasear a los árboles y que los perros terminaran anclados en un pozo.
Los cronopios viendo semejante desastre se reían de felicidad, mientras corrían perseguidos por los árboles, las famas y las esperanzas para pegarles con las correas que le sobraron, que a esa altura ya no sabían de quien eran.
Jazmín
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