Miradas confundidas en el desasosiego de esta incertidumbre,
un preambulo absurdo,
desenredando el tiempo con dedos impacientes.
Silencios viajeros
disfrazados de suspiros de boca en boca,
y el corazón,
que late como un puño cerrado
aporreando la puerta del remedio.
Se entreabren los labios del impaciente
y llueve la crítica sobre la impermeable conciencia del segundo...
la verdad es tan grande que a veces se atraganta en la boca del ego o del orgullo....
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