Mi alma fue partida en dos, yo yacía plácidamente cuando la daga rasgó la débil materia de la que está constituida nuestra parte más profunda e intangible.
No lo vi venir, solo permanecí en letargo, dejando pasar los días inexorablemente.
Pero cuando desperté vi que ya no era una, separadas a traición mis nuevas almas palmitaban cada un independientemente de la otra, pues tan solo estaban unidas por un intrincado y fino hilo.
Cuando mi consciencia paseaba de un lado a otro, olvidaba sus pasos por el anterior fragmento, solo pequeños retales afloraban en inesperados momentos.
Ahora me hallo perdida en una vacía habitación, tumbada en el frío suelo contemplando la nada y mi consciencia se halla estancada en el centro de ese pequeño hilo. No puede moverse, le atormentan imágenes que no comprende e intenta gritar pero no tiene voz. Y en la odiosa habitación mi cuerpo inmóvil solo es capaz de dejar una gélida lágrima, que desciende lentamente por la casi inerte mejilla y se precipita hacia la profunda vaciedad de la estancia. |