Había en los ojos de aquel hombre
un destello muy claro, casi lloraba,
casi reía y decía con sus palabras vanidades del ego
Había en sus manos calor y humedad,
ternura al palpar,
y sin embargo no fue capaz de estrechar su mano.
En su vientre habitaba la voz de la grandeza,
la seguridad de sus años, el cantar de las criaturas,
Y sólo se guardaba para comentar con precisas personas.
Este hombre es el más avasallador que he conocido,
siente el peso de tu mirada,
sabe si posees riqueza de corazón;
Este hombre ya dejó de ser hombre
para formar parte de las células invisibles,
las que cada día te hacen vibrar!
TaMa.
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