Taquicardia
Los dientes de sus ojos mordieron mi sombra sarpullida de luz.
“No duele, no duele” les decía a mis careadas muelas.
Les mentía.
Le mentía a cada gen mestizo.
A mis tentáculos de seda esponjosa;
pero El del pecho no cayó en la red.
Comenzó a patear la celda que lo abrasa,
a protestar
por el asfixiante humo de mi cortina.
Por el “pan y circo”;
la “cerveza y mujer”.
-¿Qué puedo hacer, corazón mío?
Si ella monta y ordeña a su semental de acero. ¿Qué?
Él no calmó sus estragos.
¿Más cerveza? ¿Labios fáciles?
-No, Ella. Ella. Ella. Ella. Ella.
Ella mordía mi parca sombra en la espera de un saludo.
(Tanto tiempo sin vernos)
Y mi Antropocardio rompió los barrotes,
escalera y escalera: ascendió.
Montado en la díscola lengua le dijo:
-Quise matarte. ¡Puta y mierda!
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