Me despierta el arrogante y ardoroso sol que entra por la ventana, hace tanto calor este verano...
Espero hasta el momento en que pueda bajar a la calle para volver a escuchar tu temblorosa voz que recubre de recuerdos las paredes frías de una cabina en el locutorio, tus palabras saludan tiernas y suaves a mis oidos anhelantes.
Que duelo esta distancia!!!
Y subo de vuelta a casa, tomo la guitarra y esparzo sus acordes tristes por el aire irrespirable de mis cuatro paredes blancas, levanto un duelo entre mi falda y el cielo gris, más bochornoso aún si cabe; me fundo en una canción de "los Jaivas" y me acerco a la ventana abierta de par en par.
Y comtemplo tu rostro como una nostálgica alucinación; me haces tanta falta...
Tu corazón separado de mi pecho se desviste en la noche, a la luz de una luna llena blanca y puedo verte, tocarte, distingo tu cuerpo entre la luz de las farolas y oigo tu voz a través de las baldosas de mi acera; trato de no dormirme como si así tu presencia se eternizara.
De nuevo suena música, ahora en mi mente, tú voz se hace más perceptible y cercana y bajo descalza a la calle; te espero sentada junto a la boca del metro, como si fueras a aparecer esta misma noche, puedo presentir tu abrazo si cierro los ojos, ya escucho tus pasos y siento tu aliento; me visto de novia virgen y blanca para recibir con los brazos abiertos tu llegada.
Y sigo canturreando hasta que me acompañana el amanecer hasta mi cama y me susurra:
- Hoy no, tal vez mañana.
Ahora trataré de dormir mi resaca, porque de tu ausencia estoy borracha. |