Ojitos serenos, colmados de ternura,
abrácenme con fuerza que necesito este cariño.
Vocecillas alborotadas que espantan la amargura,
vivo en una nube o tal vez sea este el paraíso.
Quiero creer, quiero confiar;
borrar de mí las cicatrices que hoy me hacen padecer.
Enséñenme otra vez a abrir mis alas y volar,
descubrir nuevos senderos que me lleven a la serenidad.
Manitas desinteresadas que no tienen abrigo,
corazones inmaculados expuestos a la perversidad,
sonrisas ultrajadas por el hambre y el frío,
realidad latente, en este mundo; el mío.
Son mis niños, son mis angelitos,
florcillas silvestres que adornan mi camino.
Almas danzantes e ilusas;
almas como la tuya o la mía...
almas que necesitan resguardo
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