No todos los otoños son naranjas;
hay otoños que crecen en distancias
y se mueren tantas hojas como amores.
No todos los otoños son naranjas
ni todos los naranjas me conmueven.
Este otoño, por ejemplo, me da miedo,
me recorta los días desprolijo
escatimándome el sol antes de tiempo.
Del otoño detesto su escalera,
la tijera de cristal con que asesina
cuanto verde le hace frente desde el patio.
Un aire tibio se atrinchera en la ventana,
y el muro sabe que el otoño sabe,
que llorará cuando lo vea descolgar enredaderas.
© Cristina Chaca |