Señora de los follajes, matrona de la perfección
tus zarcos quinqués miran el espíritu de los querubes
y los embutes de fruición.
Mujer de gran belleza, hechicera de los meollos
no desertes de mirar mis entresijos
que mi hálito buscará la vida en los tuyos.
Patrona de los afanes, comadrona del adoso,
tus manos suaves friccionan el aliento de los mortales
y la imaginación del medroso.
Seductora de la cordura, dueña de ciclópea vivacidad,
no abandones mis coloquios
que mis jornadas ya residen, desconsoladas, sin tu realidad. |