Subir,
tocar con los dedos el techo del cielo,
apenas un instante después de que cirros y estratos,
se hayan disuelto en azules imposibles.
Saberse pequeño en ese mar de aire al que me llevas,
viajar infinito,
fragmentandome en delirios de esta esencia,
a traves del universo que abre tu lengua.
Arder,
en desacuerdos y preambulos,
quemarme.
Y justo antes de acariciar la eternidad,
romperme en mil estrellas. |