Que nunca te ciegue el olvido,
¡ni tan siquiera el despiste selectivo!
y te olvides del camino
que lleva a nuestro rinconcito,
donde las palabras anidaron,
y crearon cuentos muy lindos,
donde las cosas siempre mejoraron,
y jamás nos aburrimos;
Donde, al fin y al cabo,
pasamos la infancia jugando;
Donde, ¡cómo olvidarlo!,
nuestras almas gemelas se encontraron. |