El deseo no muere.
Es como una oscura pesadilla
que mientras trato de saciar
vuelve con más ganas.
¡Qué poder maldito el que me tienes!
Y qué novedosos placeres.
¡Vamos, dilo ya!
No puedes ser tan ruin,
escúpelo, me usaste.
Y en el fondo sé que te dejaré usarme
hasta que me necesites.
Que venga lo que tenga que venir sobre mí
pero no corro.
No se me ocurre opción otra
que soplarte al alma esta necesidad permanente
de que tu carne se arañe sólo en mis manos.
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