Y tú te apartas diciendo: No
¿A qué temes, pequeña sombra de madera?
Sólo nada, afuera. El aire. Nuestro aire.
¿Por qué encojes tu imperfecto cuerpo mientras niegas
mis caninas peticiones al fuego?
Muerdo pero no mastico.
Y a esta cama,
además de ti,
sólo sueños la han agitado.
El niño observa lleno de morbo
la araña que lo aterra.
¿Hay alguien fuera?
Es tu imaginación. Tu gaseoso pincel poético.
Los versos que fumamos a la hora del café.
La prosa que nos embriagó
hasta golpearnos con bolsas llenas de agua salada.
De lágrimas con ron.
Pero ahora.
Sobrios, jalamos las trenzas al Frío.
Sanos y tú y tu miedo.
Es tu imaginación, tus gemidos y el dolor en tu vientre.
¿Hay alguien fuera?
Silencio. Oigo su risa muda.
Unos comentarios sublimados.
¿Qué dice?
¿Tu nombre, el mío?
Es la araña, es el frío.
El espectro bípedo que, vistiendo con su mano su risa,
ha olido al temor disfrazado
que desfila cada vez que me acerco y te beso.
|