Lluvia de mandíbulas fuertes
Ahora llueve.
En este poema se desangra mi cielo tuerto.
Aunque el desierto azote mis reflejos humanos.
Ahora llueve.
En la hora del suicidio y la falta de muerte.
Perro que ladra no muere.
Y ahora llueve.
El cabello de Poesía se horquilla.
Su vestimenta empapada deja admirar
una provocativa forma femenina.
Y sigue lloviendo.
Porque Poesía me ha sido indiferente,
porque nada crece en sus campos venusianos
y sus pastos no lactan de esta lluvia incongruente
De este poema ensangrentado.
De este diluvio subversor,
de verso,
subversor.
Ahora llueve
y en el charco busco un trozo de calor.
(Dedicado a la tía Silvia, que tanto le gusta la rima. Aunque a mí no me agrade.)
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