Volar debe parecerse a esto.
No saber por qué o de dónde.
Suceder sin razones.
Esperar,
y que la caída sea lenta.
Disfrutar.
Leer los paisajes escritos en el aire y descubrir que siempre estuvieron.
Con esa brisa y no otra,
ver los colores adecuados para esos ojos.
Extender los brazos y dejarse caer sin miedo.
(No hay red, sólo aire)
Y mirar al cielo.
Caer, volar de espaldas a la Tierra.
Caer sin temer al suelo.
Caer sin la idea de caer.
Romper la soga de la que colgamos todos los días.
Ensayar la pirueta más graciosa sin temor al ridículo.
Estar cayendo
volando
sintiendo ese picor en la yema de los dedos.
Sentir el aire en cada poro
y llorar
sin más razones
que las de estar volando. |