El día que me enamoré de Samuel, lo hice por convicción propia. no me obligó el brillo de sus ojos miel ni el encanto de sus cejas pobladas y negras; mucho menos me sentí presionada por su tez blanca ni por la suavidad de sus manos de músico. ¿su voz?, bueno!!, solo me envolvió en el vacio de su infinito acento haciendo que el mio lentamente se desvaneciera.
Cómo no enamorarme de él si su sonrisa casi perfecta invadia mi propio espacio; cómo no pensar en él si cada uno de sus movimientos hacía que su inconfundible aroma combinado con el humo de ese cigarrillo se posaran en mi cuerpo por casi una eternidad.
Cómo no escribir sobre él si cada minuto que pasa, si cada canción que escucho, si cada cuento que escribo, si cada TODO... espera por él. |