La casa imaginaria
La luna se ve desde mi cama sin importar la hora del día ni la posición de los planetas. En el baño me espera una lluvia de estrellas. La alfombra es una constelación espumosa, suave y acogedora. La brisa perfumada que se desprende del techo es abrigo para el corazón. El enorme ventanal da al jardín, tiene mar azul, montañas nevadas o planicies de un dorado intenso que acompañan los deseos de mi alma. En la cocina, una larga mesa está dispuesta para albergar los desayunos con néctar y aromas de maderas nobles. Las piedras de lugares míticos adornan las paredes traslúcidas a los pensamientos. La escalera no sirve para subir o bajar pero es tentadora pues se encapricha en recorrer mi casa por los rincones nunca descubiertos, allí donde se esconden los futuros recovecos de los deseos impensados, todavía.
Y ahí te espero porque ha llegado la hora de pintarla con los colores compartidos. Por eso te digo: Si no puedes tener tu casa soñada, comparte la mía que yo te invito.
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