Dando vueltas descubrí tu mirada lejana,
tu pensamiento se quedaba en cada vuelta que yo daba,
dando vueltas comprendí la tristeza de tu rostro,
al encontrar mi mirada en vez de esos ojos.
Por cada giro que mi cuerpo recorría,
sacaba cuentas de lo mal que tú me hacías,
y mientras pensaba en una suave melodía,
tu mirada se alejaba más y más de la mía.
Con ganas de parar y correr, seguía girando,
y mientras daba vueltas, mi cabeza iba recordando,
imágenes tristes y recientes de tus ojos enamorados,
y los míos solitarios sintiéndose abandonados.
Cuando por fin me detuve en la oscuridad,
sentí el silencio inmenso que me provoca tu alma,
me levanté con la mirada perdida y el norte al oeste
y descansé mi cuerpo agotado por la tristeza de perderte. |