Despierto, utilizo lo que me queda en el alma,
casi inerte recorro con los dientes las calles para engendrar mi nombre.
Pero mi carne se resiste, mis ojos ven mi cara y su boca desaparecida.
Mi boca yace en silencio.
Mi mano es incapaz de un solo trazo.
Mi letra es invisible, pero las palabras me pertenecen.
Y aunque mi mano no tenga fuerzas para levantarse,
sé que estoy completamente escrita por dentro.
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