Caminaban tranquilamente por la ciudad, sin preocuparse del paso del tiempo, observando, cuando llegaron al final de la cuadra. Uno de ellos se aproximó a cruzar, pero el otro lo detuvo, diciendo: “Tenemos que esperar a que dejen de pasar los autos”.
Así pasaron horas, días, noches, meses, años, siglos. Cuando en el cielo se vislumbraron las primeras naves espaciales, ambos se miraron a los ojos, y comenzaron a cruzar la calle.
|