Setiembre. 23. Hoy he sentido vértigo, de ver a un juez –de carne y hueso– que sólo fruncía el ceño, que no preguntaba, que apenas confirmaba, que no intuía, que renegaba, que sólo fruncía el ceño, que simulaba estar abatido por semejante encargo, que no le afectaba el género humano, que actuaba por simpatía o repulsión, todas estas sensaciones activadas a control remoto. Era un juez que abría y cerraba las compuertas a discreción, y que tenía todo el poder para hacerlo. Era un juez que decía: tú pasas, tú no. Tú puedes hacer lo que te venga en gana con tu vida, tú no. Tú sólo puedes soñar, y tú ejecutar. Era un juez que apretaba el botón sin ver a su víctima o su favorecido. Yo lo veía y sentía vértigo, no por su decisión sino porque quizá de tanto verle algún día se me pegaran sus poderes.
|