Cuento un sueño:
La Familia
Me hallaba en el punto más alto donde podía apreciar todo el paisaje,
desde los caminos sinuosos que recortaban el monte salpicado por las
más hermosas villas privadas hasta el espumoso mar, con veleros anclados festoneando la costa. A lo lejos, los botes de los pescadores que regresaban a tierra. Y yo, allí, me sentía protegida por La Familia. Por fin había encontrado refugio en las raíces. Ya no más zozobras, no estar a cargo era un alivio.
Cecilia me preguntó azorada cómo podía decir eso. Protegida, con guardaespaldas armados, vigilada todo el tiempo. -Vos no entendés. – respondí.
No era la protección de un arma de fuego o de veinte hombres fuertes y leales a su Don lo que yo necesitaba. Era La Familia, la había encontrado.
Sigo ahí, de pie, respirando la paz de ese paisaje italiano hasta que la luz que entra por mi ventana me va despertando suavemente. Puedo respirar hondo y enfrentar un nuevo día con la ilusión, todavía revoloteando en mi alma, de no estar sola.
Esta mañana el tilo huele a sal y el sauce no llora.
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