Un olor en el horizonte/
me ha recordado/
que soy acento sin tilde,/
que estoy encerrado./
No puedo dejarlo,/
es para mí un vicio/
del que no puedo,/
sin morirme,/
estar desenganchado:/
las palabras, mi alimento,/
mi aliento, los párrafos./
la voz, mi perfume,/
mis ropas, los vocablos./
Soy átona en mis promesas,/
y tónica en despilfarros,/
que rebosan mi cuaderno/
las noches en vela y llanto./
Por los aromas perdidos/
y la falta de entusiasmo,/
donde se fueron las musas?/
donde se extravió el canto?/
y miro de nuevo lejos/
no hay límite en el espacio/
me quedaré confinada/
a mis sílabas y parágrafos/
hasta que el sueño me eleve/
a tus versos hechizados.
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