El poeta,
más que un descuidado ignorante de su entorno,
es un agudo observador de lo que ocurre.
Le dieron un don, y sabe usarlo.
El poeta, cuando habla,
habla en metáfora y cuando escucha
empieza a tejer sueños.
El poeta se bebe la savia de la vida
y se come cada día a dentelladas.
El poeta no inventa nada,
que todo está inventado.
Sólo toma lo que está,
y le pone letras.
El poeta tiene la palabra
a flor de labios
y en los dedos
la magia de los sabios.
El poeta de verdad ni se imagina
qué es llevarse mal con Dios,
por unas alas.
El poeta es tan humilde
que cuando le preguntan,
contesta que no es poeta
¡qué va!
solamente, un instrumento.
© Simon Paterson |