- Suficiente crecido estás como para con tus alas volar...- dijo mamá cuervo mirando con cierto orgullo a su joven vástago.
- Pero, Mamá... miedo tengo... – exclamó el cuervito desconsolado.
- Medroso no debes ser, tu plumaje negro en la oscuridad se confundirá y cuando el enemigo venga, sin más lo sorprenderás, por ello ese hermoso color en tus plumas de seda tienes.
- ¿Y yo no te veré más?
- Vigilante estaré siempre y, aunque mayorcito seas, no olvides que soy tu madre.
- Si alimento apetitoso encuentro y un animal grande llega, sin comer me quedaré.
- Con esas tus patas fuertes a todos los vencerás. Tu estampa graciosa, que casualidad no es, a más de uno pasmará y tú el alimento obtendrás.
- Pues aunque bello soy los demás animales no quieren reconocerlo.
- Natural es que envidia causes, eso ocurrirnos suele a criaturas superiores. Pero tú al mundo vencerás; ¿de quién esa deslumbrante inteligencia has heredado si no de mí? Tú no me decepcionarás. Recuerda que mi hijo eres.
- Si en peligros yo me encuentro ¿cómo la he de avisar?
- Las notas más bellas tienes en tu pequeña garganta solamente cantar debes y yo presta acudiré.
- Madre yo miedo tengo... temo de adelante ver.
- Tus ojos de mágico brillo, que cosas bellas reflejan ¿cómo miedo han de tener?
- Pues ahora al vuelo me lanzo sin saber qué de mí será. Madre, sólo cuide en recordarme aunque sea una que otra vez- y el cuervito emprendió el vuelo.
- ¡Qué batir elegante de alas! ¡Qué porte y qué distinción! Lejos mi hijo volará. Que el mundo esté preparado. ¡Bien verán lo que ha de ser!, pues su singular belleza a todos deslumbrará.
Y de puro gusto, mamá cuervo se puso a cantar.
Registrado ante INDAUTOR de la colección de cuentos “La vendedora de sueños”.
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