Llueve sobre mi rostro estéril,
mi piel reseca se empapa de ti,
mi cuerpo desnudo sacia su sed
y la lluvia nos permite vivir.
Llueve intensamente en mi cerebro,
y cada gota repercute al venir,
como los sonidos de tu corazón
que un día dejaron de latir.
Llueve y me siento feliz,
pues la tierra no se marchitará,
las flores volverán a nacer,
y el verde procreara..
Llueve sobre la ciudad mentirosa,
refrescando las almas solitarias,
llueve sobre mi papel y tinta,
diluyendo las letras amargas.
Llueve sobre Temuco,
sobre adoquines de piedra
sobre el tejado de las casas,
donde don Pablo dejará su herencia.
C.A.F.
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