Anoche recorrí con mi dedo índice tus cejas rectas y sonrientes con delicadeza, mis yemas repasaban tu nariz rezongada y sutil, además apaciblemente tus labios y tu mentón, bajó luego por tu cerviz de satín y al llegar al nirvana convidó a sus compañeros y comenzaron mis manos a construir prados iluminados y roseos, convirtiendo tu cuerpo en un paisaje de placidez, con ríos, con montañas verdes y florales, con cráteres inexplorados y exóticos, y uno que otro bosque tropical y húmedo, cada lunar era el hito de las direcciones que construían una constelación extraña y desconocida que me guío en el océano de tu piel.
Hoy, te sonreí, te saludé, esperado recordaras la noche que pasé contigo, sin embargo me miraste sin emitir comentario de aquello y me dijiste que tenía una reunión a las dos, perdón, se me olvidó que solo fue un sueño. |