No hay nada que hacer.
El sol,
que no me ha visto,
ha decidido marcharse
con mi última certeza.
La noche,
que no llega,
va a encontrarme desalmada.
Salvo el horizonte,
todo es inquietud.
El verbo se conmueve
y lo que es,
será fué.
Una sonrisa
se resguarda
entre paréntesis.
Dudaré.
Un silencio opaco
viscoso y quieto
convoca a la muerte,
y un fantasma,
sin nombre,
comparte conmigo su ausencia
sin prometerme nada.
© Cristina Chaca |