Martín, el quijote.
Y fue así como Martín,
en su profesión de quijote,
decidió lanzarse
contra aquel molino.
Con los pies adoloridos por todos
esos viajes que ha realizado en su vida,
con ropas desde hace más de 3 meses,
con hambre y con la conciencia cansada
de aquellos tormentos y
sufrimientos de su pasado;
Martín se subió a su fiel caballo,
tomó esa arma que le regaló
su gran amigo y compañero,
y se dispuso a enfrentar aquel desafío.
El dolor de los golpes de las aspas
del molino ya era lo de menos,
y el levantarse de cada caída
ya parecía un arte.
Pero fuese cual fuese
el motivo que tenía Martín
para lanzarse contra aquel molino,
fuese su Dulcinea o fuese un ideal;
los ojos de aquel caballero evidenciaban
que este pequeño cuento,
esta historia de su vida
sería recordada por siempre
en los corazones de aquellos
que pudimos decir que
conocimos a Martín, el quijote.
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