“¡¡¡Mira escúchame bien lo que te voy a decir, y ojo que te lo digo en tu cara y no te lo mando a decir con nadie, soy bien mujercita para mis cosas:
Por más que te esfuerces en mostrar una bella y radiante sonrisa, el fino esmalte color nácar de tus dientes; de que intentes en vano aplacar el fétido olor de tu boca con las pastillas de menta que acostumbras llevar en tu cartera, ¡¡¡A MÍ NO ME VAS A ENGAÑAR, SE MUY BIEN QUIEN ERES CABRITA!!!.
Tu sabes perfectamente que aquí estoy plantada, y no puedes negar mi existencia. Me llevas oculta en la última corrida, por allá bien por el fondo; soy tu demonio y tu culpa, por más que persistas vanidosamente en exhibir la perfección imantada de los trazos de tus labios cuando se contraen en una sonrisa. Mientras no venzas tus miedos - y dudo que lo hagas- aquí estaré picaneando tu conciencia como un pepe grillo. Además para que sepas niña no le temo ni a la extracción ni a la endodoncia.”
La Muela Picada.
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