REVELACIONES COLOR FUCSIA.
Nunca pensé que el matrimonio que tanto busqué se convertiría en una maldición. Rápido desapareció el encanto de la luna de miel, para convertirme en la señora de fulano de tal. Si de soltera me esforcé en hacerme de una personalidad, en un simple sí, la di por terminada convirtiéndome en el complemento de un ser egoísta y ansioso de éxito profesional, sin pensar un solo momento en mí. En medio de una vorágine de cenas de negocios con el jefe, fiestas de ejecutivos ambiciosos y rastreros, obsequiosos al grado de acercarle la esposa a quien los pudiera ayudar, me embaracé de mi primer hijo. La ilusión del bebé y la compra de bienes parafernales y las fiestas de bienvenida, adormecieron mi angustia buscando esperanza en la formación de una familia. ¡Craso error! lo único que logré es enterrarme más en las obligaciones de la crianza y del lleva y trae escolar, aderezado con la lista de enfermedades infantiles, que demandaron lo último de mi paciencia. Por supuesto que el Señor progresaba mientras yo me volvía a embarazar, duplicando mis tareas, mientras que él se aficionaba a los tragos y a salir con sus secretarias y compañeritas de oficina. Parece que el tener el título de esposa es equivalente al de descerebrada, pues se pretende que no tengas ojos ni nariz para detectar el lápiz labial en las camisas, el maquillaje corriente y el perfume siete machos que se ponen las infelices que se atreven a salir con él.
Mi paciencia ha terminado. En la cajuela del auto he encontrado esa maleta color fucsia que la tipa en turno debe haber olvidado .Mis manos temblorosas apenas aciertan a descubrir que está cerrada con llave. Un desarmador. No me importa que se entere. La chapa cede a la presión y descubre el contenido: Unas zapatillas de noche con pedrería de color dorado ¡de la talla 12!, un vestido negro de lycra con un gran escote al frente, ropa interior de tallas extra , senos y glúteos postizos de esponja. Una peluca rubia y una bolsa con maquillaje.
El perfume es inconfundible y las evidencias también. Los pensamientos se revuelven en mi cabeza. Algo ha sucedido en mi casa. ¿En que fallé?.
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