En ocasiones, en las noches plenilunares, tan solo asomo el cuerpo a la orilla del lago para tratar de verte a través de la ventana, iluminada por el viejo faro, llega a tú cuarto un haz que fulgura tu cuerpo. Tú silueta es tan distinta; no espero que me entiendas, pues a final de cuentas que puede esperar un delfín de una mujer |