Llevó un sueño atado a la cintura,
su piel, en rebeldía, fue al encuentro de unas manos.
El faro de sus ojos
fragmentó el mapa de la noche
y el deseo marcó el ritmo de sus pasos.
Todo fue para volver sobre sus huellas, como siempre,
cobijando la sonrisa en un bolsillo,
la costumbre haciendo moños con su llanto
y la luz de su mirada inventando otra pregunta.
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