Cuando comencé a crecer,
y las ramas de mi tronco,
se alejaron de la tierra,
pude comprender muchas cosas,
que nunca había comprendido;
pudé ver a lo lejos,
que no todo era árboles y tierra,
que también había otras cosas.
Tampoco los árboles eran iguales.
Mientras que unos regalaban
su desnudez al frío,
otros daban su calor a las aves.
Cuando nuevos árboles crecieron,
sus copas,a veces frondosas,
se unieron a la mía,
y juntos formamos una alfombra
que les tapo la luz a los siguientes,
esos que venían detrás nuestro,
pero nosotros no lo vimos,
enceguecidos por alguna luz.
© Norberto Adrian Mondrik.
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