Johnny Sequeira Zeng esperaba un impulso, un aliento, un golpe de la vida o de la suerte. Hay quienes coleccionan adornos, figuras de animales, gorras, llaveros, videos o películas, estampillas, billetes o monedas; que guardan dientes de niños o los zapatos viejos. Mujeres, hombres, libros o memorias, fotografías, recuerdan poemas memorizados o sin rememorar, facturas para la declaración fiscal, insectos o rocas para una investigación científica.
Pero Johnny Sequeira Zeng no tenía objetos de deseo o memoria.
Sí, esta es una más de esas historias que terminan en el suicidio.
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