Noche de tormenta,
–mujer de lluvia–,
fulgores de relámpagos,
en los ojos;
reverberación de truenos,
en la garganta.
Cuerpo arqueado,
manos crispadas,
la humedad franqueando
esa entrada al hogar.
Y los diamantes de agua
en las plantas del patio.
Pasaron tantas noches
–mujer de lluvia–,
desde la última tormenta,
que sólo tengo el alma yerma,
y un cuerpo que es
pura ausencia en tu cama.
© Simon Paterson
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