Abrió la puerta del dormitorio y un haz de luz lo invadió, permitiendo descubrir las siluetas de todo lo que habitaba allí dentro. Dos figuras humanas yuxtapuestas sobre la cama, se convirtieron en el último paisaje amorfo que sus ojos y su entendimiento pudieron apreciar...
Un alarido estremecedor lo regresó de su letargo psicologico, la puerta de su habitación al abrirse devolvió la luz; al ver la sangre en sus manos se llenó de un pánico dulce... la sensación de congelamiento que recorrió su cuerpo le hizo comprender que cualquier acción era inútil. |